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miércoles, 18 de mayo de 2016

fuente:http://pijamasurf.com/

LA VIDA DEL HOMBRE DE DOS CARAS FUE DRAMÁTICA
 Y BREVE; AQUÍ SU FASCINANTE HISTORIA.
Edward Mordake es, sin duda, el personaje real más inquietante que jamás haya existido. La desconcertante deformidad que marcó su vida figura como uno de los casos más extremos de las posibilidades humanas: los dos rostros de géminis manifestados en solo individuo. Nació en el seno de nobleza inglesa a principios del siglo XIX con la particularidad anatómica de presentar un segundo rostro en la parte posterior de su cabeza. Para ser más exactos: una cara femenina que se localizaba exactamente a la altura de su nuca.
La cara trasera era un poco más pequeña que el rostro frontal y ligeramente amorfa. No contaba con la capacidad de hablar en voz alta o ingerir alimento, pero sí reaccionaba a estímulos externos. Seguía al interlocutor con la mirada --una mirada que se dice era brillante y perversa­-- y, mientras lo hacía, mascullaba con ira frases inteligibles. También expresaba emociones: reía o lloraba, con frecuencia se enfurecía; casi siempre en momentos en los que el pobre Edward atravesaba por el sentimiento opuesto. No era infrecuente, por ejemplo, que cuando éste lloraba amargamente abatido por la melancolía, el rostro trasero se carcajeara con saña. Mordake aseguraba que su segunda fisonomía poseía una inteligencia maligna y viciosa, propicia de pensamientos convulsos y delirios funestos.
La condición medica que sufría Edward Mordake recibe el nombre de diprosopus, también conocida como duplicación craneoencefálica. Una malformación congénita extremadamente rara en la cual uno o varios elementos del rostro se encuentran duplicados dentro de la misma cabeza. También puede ocurrir que algunas estructuras cerebrales se presenten repetidas. A pesar de lo que se podría llegar a pensar, esta condición no sucede por la separación o fusión anómala de dos embriones diferentes, sino por una alteración en la actividad de la proteína SHH. Dicha proteína y el gen que la regula desempeñan un papel fundamental en la segmentación craneoencefálica durante el desarrollo embrionario, gobernando los procesos relacionados con el desarrollo de las distintas estructuras faciales y cerebrales.
Se ha reportado que dicha alteración sucede con frecuencia escasa en algunos animales como cerdos, pollos y gatos. En el caso humano, suele ser deletrea y generalmente va acompañada de otras malformaciones que sentencian al producto como inviable. Por lo que los bebés nacidos con ella no suelen sobrevivir más de unos cuantos minutos. Sólo se han registrado tres instancias en las que no sucedió de esta manera y el neonato afectado rebasó la sala de maternidad. Además del ya mencionado Edward, está el del mexicano Pascal Pinon, que tenía una cabeza pequeña que sobresalía sobre su frente, y Lali Singh, hindú nacida en 2008, que presentaba numerosas estructuras faciales duplicadas sobre el mismo rostro. 
Edward vivió siempre atormentado por su segundo rostro. No sólo por la obvia ansiedad implícita en tener una cara extra en la parte trasera de la cabeza, sino porque aseguraba que, aquel portento grotesco, formulaba pensamientos demoníacos. Era como si dentro de su cabeza hubiera dos mentes distintas. Dos seres opuestos que habitaban irremediablemente el mismo cerebro. Afirmaba que aunque no lo hiciera en voz alta, la mujer contenida en su nuca, le hablaba continuamente. Le comandaba órdenes asquerosas, sugería actos despreciables, lo incitaba a la violencia y juzgaba con desprecio cada uno de sus actos. La mente compartida incesantemente por un ser despreciable, un ente ajeno a él y, al mismo tiempo, de manera paradójica, parte intrínseca de su persona.
Su gemela diabólica --así la llamaba él-- nunca lo dejaba en paz. Pronuncia un discurso infernal y perenne, un monólogo desquiciado lleno de odio hacia el mundo. Una verborrea grotesca que ni siquiera le permitía conciliar el sueño, pues sus susurros miserables aumentaban en la oscuridad: alaridos terroríficos y gritos maniáticos que imposibilitaban el descanso.
Ilustración: Ana J. Bellido
Ilustración: Ana J. Bellido
La vida del hombre de dos caras fue dramática y breve. A pesar de contar con inteligencia aguda, talento artístico notable, un semblante por lo demás atractivo y, a diferencia de la mayoría de personas deformes de la época, no verse forzado a explotar su desfiguración en los freak showspara conseguir sustento, Edward no fue capaz de sobrellevar su lastre. Demandaba constantemente a los médicos que removieran el segundo rostro. Apelaba a la piedad y el bisturí. Con desespero suplicaba que lo destrozaran, aunque con ello terminaran con la vida de ambos.
Pero fue imposible. La medicina del momento no permitía realizar tal proeza. Mientras tanto Edward pasaba sus días en completo aislamiento, enfrascado en una cotidianidad demente. La personalidad múltiple como condición existencial no es algo fácil de manejar, menos aún cuando la segunda identidad tiene un rostro tangible. La locura fue en aumento, su gemela diabólica lo desquiciaba al punto de la esquizofrenia. Hasta que finalmente, apenas a los 23 años de edad, no pudo soportar más y el suicidio fue la única respuesta posible.
En una carta encontrada junto al cuerpo sin vida, Edward pedía que el rostro maldito fuera extirpado de su cadáver antes del entierro. Quería evitar a toda costa que su brutal monólogo lo persiguiera a la tumba. 
Desde que su historia se dio a conocer en 1896 en el libro Anomalies and curiosities of Medicine, la triste figura del hombre de dos caras ha conmovido y perturbado a la humanidad. Su drama ha inspirado obras de teatro, ensayos, textos y la canción “Poor Edward” compuesta por Tom Waits.
Para cerrar esta breve semblanza, incluyo la cita textual del famoso manual de medicina que divulgó su existencia por primera vez:
One of the weirdest as well as most melancholy stories of human deformity is that of Edward Mordake, said to have been heir to one of the noblest peerages in England. He never claimed the title, however, and committed suicide in his twenty-third year. He lived in complete seclusion, refusing the visits even of the members of his own family. He was a young man of fine attainments, a profound scholar, and a musician of rare ability. His figure was remarkable for its grace, and his face — that is to say, his natural face — was that of an Antinous. But upon the back of his head was another face, that of a beautiful girl, 'lovely as a dream, hideous as a devil'.
The female face was a mere mask, 'occupying only a small portion of the posterior part of the skull, yet exhibiting every sign of intelligence, of a malignant sort, however'. It would be been seen to smile and sneer while Mordake was weeping. The eyes would follow the movements of the spectator, and the lips 'would gibber without ceasing'. No voice was audible, but Mordake avers that he was kept from his rest at night by the hateful whispers of his 'devil twin', as he called it, 'which never sleeps, but talks to me forever of such things as they only speak of in Hell. No imagination can conceive the dreadful temptations it sets before me. For some unforgiven wickedness of my forefathers I am knit to this fiend — for a fiend it surely is. I beg and beseech you to crush it out of human semblance, even if I die for it.' Such were the words of the hapless Mordake to Manvers and Treadwell, his physicians. In spite of careful watching, he managed to procure poison, whereof he died, leaving a letter requesting that the 'demon face' might be destroyed before his burial, 'lest it continues its dreadful whisperings in my grave.' At his own request he was interred in a waste place, without stone or legend to mark his grave.


Twitter del autor: @cotahiriart

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